Pase lo que pase el próximo domingo, cuando unos votos decidirán quien es el próximo Presidente de Colombia, lo único cierto es que el gran ganador político de estas elecciones son las FARC. Ganan con cara y con sello, puesto que los colombianos así elijamos a uno u otro candidato, este grupo al margen de la ley se ha convertido en un imperativo decisivo en estas elecciones.
Los colombianos nos hemos vuelto presos de un proceso de paz del que sabemos muy poco, pero que resuelve nuestro futuro. Aquí no se trata de hacer una proclama a favor o en contra de las campañas, se trata de entender la dimensión política que han adquiridos los cabecillas y las filas guerrilleras en nuestro futuro.
Tampoco se trata de una sed de venganza, pero hay que tener una inmensa claridad sobre el daño y horror que hemos vivido a causa de la insurgencia, le memoria histórica no solo consiste en recordar que hemos sido victimas, sino de sentirnos orgullosos y revindicar lo que como país hemos logrado pese a cargar con un cáncer tan abominable como lo es la guerra. Hoy Colombia es un país distinto, ejemplo en el mundo, aun contra la voluntad de las FARC. Esa dignidad que hemos construido no podemos menospreciarla y poner en el centro de la agenda publica únicamente los diálogos de Paz.
Es una frustración profunda la que me genera saber que lo único de lo que hablamos por estos días, es de como negociamos mejor con la guerrilla. Cuando deberíamos estar hablando de como mejoramos a nuestros ciudadanos.
Solo por esto, creo que independientemente de los resultados del domingo, el gran ganador político son las FARC.
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