Algo
está pasando en el mundo que cada resultado democrático está sorprendiendo más
que el anterior. El Brexit, el NO en Colombia y ahora el triunfo holgado de
Trump ha hecho a más de uno pensar que el planeta se enloqueció. Quedarse con
la versión de que los ignorantes están ganando las elecciones es quizás demasiado
simple y vano. Algo está pasando en la ciudadanía que no se está percibiendo.
Estos
tres inesperados resultados tienen algo en común: fueron tildados por la
opinión pública como inmorales. En esto jugaron un papel fundamental los contradictores,
los medios de comunicación y sobre todo las redes sociales.
Las
campañas derrotadas fueron estructuradas de tal manera que quienes se
inclinaban por la posición ganadora eran tildados de ir en contra de las normas
sociales y lo socialmente correcto. Votar por él SI en el Brexit era promover
el provincialismo, por el NO en Colombia era promover la guerra y elegir a
Trump era ser simpatizante de un ignorante. Cada vez que Barack Obama tildaba
de mediocre e incapaz a Trump, muchos ciudadanos americanos se asociaban con
esa acusación.
Los
medios de comunicación, en su cada vez más marcada participación política y
partidista dieron amplio juego a los validadores de los mensajes que
estructuraron las campañas políticas. Tomaron partido y profundizaron la
inmoralidad de cierta posición política.
Pero
sin duda alguna, el gran promotor del voto inmoral son las redes sociales. Los
ciberciudadanos se fueron adaptando a los mensajes y los hicieron propios, las
cuentas personales se convirtieron en una trinchera de matoneo contra los demás
y se fue creando una masa digital (muchas veces promocionada por las campañas)
que tildó y creó la sensación que la convicción de votar por cierta posición no
era aceptable socialmente.
¿Y
qué pasó? Lo que ocurre con lo inmoral, se ocultó en lo más profundo del
interior ciudadano y prefirió no revelarlo. De ahí posiblemente viene el gran
fracaso de las encuestas, pero el triunfo del Big Data que pudo asociar
manifestaciones aisladas con comportamientos para predecir decisiones.
Las
encuestas al no poder medir el aceite de los ciudadanos y con una opinión
pública totalmente moldeada, se dio la sensación que cierto resultado era
obvio. Sorpresa fue que los ciudadanos han defendido uno de los más sagrados
derechos, la posibilidad de elegir en la intimidad de una urna como a bien le
parezca.
Kahneman
ha acuñado el concepto de la visión
retrospectiva que se entiende como
el fenómeno que sufren los individuos al afrontar un hecho que era inesperado,
adaptando la visión del mundo para ajustarse a la sorpresa. Quizás algunas
personas comiencen a ver en Trump un empresario exitoso, en el NO la
posibilidad de construir un proceso de paz más sólido y en el Brexit el
surgimiento de un nuevo modelo de cooperación internacional. Lo cierto, es que
los políticos no están para adaptarse del pasado, sino para comprender e
interpretar el presente y está claro que actualmente no lo están haciendo.
Comienza una nueva forma de hacer política.
Juan
Sebastián Arango