Desde muy pequeño siempre escuche una frase contundente: "En Pereira, no hay Alcalde malo". Pasó desapercibida para mi hasta que un antiguo jefe la usó y le indague sobre su significado. La explicación me infló el pecho de orgullo, no podía haber mal gobernante por el empuje de nuestra gente. La pujanza y sentido de pertenencia creado en las décadas de los 40 y 50, había dejado un legado poderoso en la comunidad, no solo sobre a quien se elegía sino sobre como la ciudadanía y las fuerzas vivas de la ciudad lo rodeaban para buscar el desarrollo. Como decimos popularmente: "No había perdida", la ciudad avanzaba con o sin Alcalde.
Hoy, desafortunadamente no solo hay alcalde malo, sino secretarios de despacho malos, concejales malos, diputados malos, congresistas malos y políticos malos. Si bien no hay que generalizar, porque la región tiene personas valiosas con ímpetu de hacer las cosas bien, lo cierto es que una gran mayoría de quienes hoy tienen en sus manos las decisiones importantes, están montados en una empresa electoral que supedita su funcionamiento a asuntos mas apegados a mantener una estructura política que a buscar el desarrollo de la ciudad.
Todo tienen un calculo político, no hay una sola decisión que se haya tomado en los dos últimos gobiernos que mueva el status quo de la ciudad y nos haga replantear que existe una visión distinta del desarrollo. Es más, uno se pregunta cual es la proyección que estos dos gobiernos nos han planteado y si realmente habrá desarrollo.
Pareciéramos estar atrapados en los intereses de una masa política que propugna por su interés personal de escalar dentro de una estructura partidista que se ufana de ser "disciplinada", cada uno tiene su interés: Su contrato, su trabajo, su crecimiento político, ser disciplinada para ser concejal, alcalde o gobernador. Hasta quienes en el pasado plantearon una opción transformadora de la ciudad, posan hoy como candidatos. Parece que los espacios políticos viables están estrechos, todo se encuentra centralizado en una sola persona y en un solo partido. Todo perfectamente enlazado para que no se salga de control.
Apenas en la mitad del gobierno de Enrique Vasquez, ya se hacen cabalas sobre quien puede ser su sucesor, con un argumento principal: Disciplina dentro de la organización política. Cero propuestas, únicamente el argumento de la imposición que permite hacer una estructura política consolidad a través de los años.
Por esta razón y por muchas más, esa frase que pareció vivir en el argot popular se quebró y hoy parece mas un motivo de burla que una realidad. Quizás lo merecemos, por pasar de elegir gobernantes a simples gerentes electorales, encargados de mantener una estructura política.